El 8 de marzo no es solo un día de celebración, es una jornada de lucha, de memoria y de reivindicación. Es el eco de las voces de nuestras ancestras, de las mujeres que abrieron caminos, de aquellas que desafiaron las normas impuestas y de todas las que hoy seguimos resistiendo. Es el día en que nos recordamos a nosotras mismas que la magia más poderosa es la que llevamos dentro: la fuerza de nuestra voluntad, la luz de nuestra intuición y el fuego de nuestra determinación.
A lo largo de la historia, las mujeres han sido las guardianas del conocimiento, de la sanación, del arte y de la espiritualidad. Nos han querido silenciar, nos han tratado de invisibilizar, pero seguimos aquí, más fuertes que nunca. Hemos sido brujas, sanadoras, sabias, guerreras, madres, hijas, amigas y cómplices en esta lucha incansable por la igualdad.
El feminismo no es una opción, es una necesidad. Porque aún vivimos en un mundo donde nos asesinan por ser mujeres, donde se nos paga menos, donde nos juzgan por nuestras decisiones, donde se nos dice cómo vestir, qué decir, cómo actuar. Porque seguimos luchando contra la violencia, contra el miedo y contra la opresión.
Hoy nos alzamos, con la misma intensidad y determinación, niños, adultos, ancianos, hombres y mujeres por la reivindicación de los derechos y la igualdad que merecen las mujeres en particular, y todos los seres humanos en general. Porque la justicia no es un privilegio, es un derecho innegociable. Y no solo nos alzamos por nosotras, sino por cada ser vivo, porque la dignidad y el respeto deben ser universales. La lucha por la equidad no excluye, nos une. Es un grito colectivo que atraviesa generaciones y especies, porque la verdadera evolución radica en el respeto y la armonía entre todos los seres que compartimos este mundo.
A todas las mujeres que han confiado en mi trabajo, que han buscado respuestas en la espiritualidad, que han encontrado en sus propias almas la fuerza para seguir adelante: este día es por ustedes y por todas nosotras. Sigamos siendo la tormenta, la luz y el renacer de un mundo más justo.
Porque somos poderosas, somos infinitas, y nada ni nadie podrá apagar nuestra voz.
¡Feliz y combativo 8 de marzo!